Historia de Dolce Nina

Contarte un poco cómo comencé te va a ayudar de una u
otra manera a seguir, a no darte por vencida/o…

Como Comenzó todo…

Todo comenzó con uno de mis primeros emprendimientos. En el 2013 me animé a realizar decoraciones para eventos, como banderines, sorpresitas, golosinas con etiquetas personalizadas y más. Se llamaba “Candy Bar”. Vendía a un cotillón de Morteros, fui creciendo y animándome a decorar eventos como bodas, cumpleaños, bautismos y más.
En uno de esos eventos la repostera que debía hacer la torta avisó que no podía asistir. Al no conseguir a nadie, en la desesperación de esa mamá, dije: “te hago la torta yo… algo va a salir”.
Fue un caos total: un día de llovizna y humedad. La torta era simple, el forrado no quedó bien, el relleno se desbordaba… hice lo que pude para “tapar” con decoraciones. Obviamente a la clienta no le gustó. Era totalmente inexperta, solo quise ayudar y terminé llorando con fondant en las manos.

Ahí empezó realmente mi historia: entre caos, llanto y decepción hacia mí misma.
Decidí aprender porque no podía quedarme con la duda de cómo hacían esas tortas tan lindas. Hice cursos, estudié, practiqué muchísimo. Hubo tortas quemadas, glasé chorreado, tortas inclinadas… pero seguí.
Más adelante, viendo el programa Cake Boss, me enamoré de ese mundo. Investigué todo sola porque casi no había cursos de ese estilo en ese momento.
Con ayuda de mi pareja hicimos una maqueta: un Minion de pie de 65 cm. Esa fue mi primera torta esculpida. Ahí me enamoré definitivamente de este arte.